Crimen on the Rocks (Reseña)

Crimen on the Rocks (Reseña)

Alfonso Vázquez, Crimen on the Rocks, Rey Lear, Madrid, 2014. (Reseña)

¡UN LIBRO MORROCOTUDO!

Quedaría muy bonito y elegante decir que los escritos de Alfonso Vázquez despiertan una envidia sana en todos aquellos que nos dedicamos al humor, pero esto sería una gran mentira, porque, ¡señores!, la envidia sana no existe.

Es envidia de la peor y de la más verde la que me corroe al leer un excelente libro lleno de ingeniosísimos rasgos de comicidad que, lamentablemente, no se me han ocurrido a mí, sino a él, a Vázquez (que ya me puso los dientes largos con otras de sus obras como «Livingstone nunca llegó a Donga» o «Viena a sus pies», también publicadas —como el libro que me ocupa— en la editorial Rey Lear, que edita con un papel de muy buena calidad que no se transparenta casi nada y con una encuadernación muy firme a la que no se le sueltan las páginas.

En fin: yo finjo ser amigo de Vázquez y apreciarle, pero no es verdad: la procesión va por dentro. Le odio por escribir tan bien y ponérnoslo tan difícil a los humoristas mediocres. No se puede destacar en nada —y en el mundo de la literatura mucho menos— sin acarrearte las iras de tus compañeros de profesión. Y Vázquez destaca sobremanera por su excelente prosa y su agudo ingenio, por lo que es justo que sufra las consecuencias.

En «Crimen on the Rocks» hay intriga, sátira política, desmitificación, paradojas y otros muchos elementos literarios de ésos que te hacen disfrutar a lo grande. No revelo de qué va la cosa, como hacen algunos reseñadores, que tienen la mala costumbre de leerse los libros y contarlos. Yo, en cambio, tengo otra mala costumbre: la de reseñar los libros sin haberlos leído en absoluto, actividad en la que poseo una larga práctica. Sin embargo, en este caso —y en contra de mis principios más sólidos— he hecho una excepción y me he leído el libro de cabo a rabo y de un tirón, porque conociendo al autor, me constaba que merecería sobradamente la pena. Para que yo me lea un libro, ya tiene que ser bueno. Éste lo es y por ello recomiendo encarecidamente a todos que lo compren y lo disfruten. Si ustedes valoran mi juicio, vayan corriendo a hacerse con un ejemplar. Si no lo valoran, entonces no sé de qué estamos hablando.